lunes, 13 de julio de 2015

El infierno existe

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El infierno existe, sin duda alguna, y está en los probadores de El Corte Inglés, concretamente en los de Moda Baño, que más bien debería llamarse: Como desear una muerte digna.
Tras la odisea de probarme los bikinis del pasado año que podéis leer aquí, y viendo que el calor de 40 grados no cede y que por más que quiera evitarlo, no voy a tener más remedio que echarme al agua, decidí ir a El Corte Inglés a la aventura de comprarme un bikini.
Fui sola claro, siempre es mejor no dejar testigos vivos. Había auténticas hordas humanas, pero no desistí que era lo que me pedía el cuerpo, iba diciéndome a mí misma, no te resistas, tonta, cuanto antes pases el mal trago mejor. Tras rebuscar durante unos 20 minutos entre perchas con cienes y cienes de bikinis de todos los tipos y colores, por supuesto, allí no acudió ni Peter en mi ayuda, aunque casi lo prefiero, encontré mi sección favorita, que es la de ST, es decir, supertetas, donde te venden la parte de arriba separada de la de abajo, porque aquí cada una tiene lo suyo, y servidora digamos que anda sobrada de arriba, pero de abajo no. Al final va a resultar que igual soy deforme, porque si me cojo un bikini en el que me entren las tetas, digamos que la braga se me cae hasta las rodillas. En este recorrido descubrí que las barras donde cuelgan los bikinis deben ser de oro puro, porque en cada una meten 300 a presión, de tal manera que es humanamente imposible encontrar lo que vas buscando sin tirar 3 ó 4 al suelo o sufrir un esguince de cervicales. Qué les costará poner algunas barras más  para que no esté todo tan apelotonado.
Cuando encuentras una parte de arriba que te gusta y hay tu talla, descubres que no tiene parte de abajo, sorpresa…. no lo entiendo, tampoco se divisa a nadie a quién preguntar y yo no abandono mi puesto ni loca, que luego me pierdo. Así que si no está a la vista, a tomar por culo, seguimos.
A la mitad del recorrido llevas la mano izquierda dormida, se te están clavando las perchas y el bolso te corta la circulación, ahí te empieza a dar vueltas la cabeza y el estampado psicodélico de algunos diseñadores te nubla la vista, es el momento de ir al probador. En la cola del probador hay unas 200 personas. No pasa nada, después de los tres cuartos de hora que llevas allí no te vas a ir a casa con las manos vacías.
Cuando llega tu turno ya no tienes ganas de nada más que de morirte o de cortarte las piernas en oblicuo, odias a la que tienes delante, y te caen chorros de sudor por el canalillo. Si pensabas que lo peor había pasado ya, entras en el probador , un universo paralelo donde te das cuenta que el infierno existe. El probador es una caja diminuta en la cual si te agachas un poco para desabrocharte las sandalias, te quemas el culo con un foco. No desesperéis, hay que seguir hasta el final, se han dado casos de mujeres desesperadas que antes de entrar al probador huyeron dejando un rastro de bikinis por el suelo.
Te despelotas, te pruebas el primero y deseas reventar a hostias el puto foco que resalta exactamente todo lo que tú querías disimular, pero no lo haces, respiras hondo, metes tripa y haces el siguiente cuestionario:
Me entran las tetas? Sí. Me hace llagas? No. Parezco un tanque australiano? No. Pues entonces me lo llevo.
Esto hay que hacerlo rapidito porque dentro del cubículo al que llaman probador no hay aire acondicionado  y la temperatura debe ser de 50 grados,  tienes bastantes probabilidades de sufrir un golpe de calor o un colapso nervioso. El resultado fue que me llevé 2 bikinis, carísimos por cierto, pero a esas alturas no estaba yo para tonterías de mirar el precio Eso sí, son ideales, ya pueden serlo, pero os aseguro que había auténticos espantos dignos de un museo de los horrores corsetero.
Y total, todo este rollo, para luego practicar el vuelta y vuelta a la plancha que ya os conté aquí.

Y ahora una petición para los responsables de esta tarde de pesadilla:

Por favor, aunque tengamos distinta talla de arriba que de abajo, también somos seres humanos y no nos gustan los estampados de abuela ni los bikinis azul marino. Hay vida más allá de la copa C y total, tampoco es tanta cantidad de tela lo que se añade como para que cuesten más del doble que los bikinis de talla más pequeña, hombreya. Así que hala, a disfrutar del verano y de los trozos de tela más caros del mundo. 

4 comentarios:

  1. Jaaajajajaja! :-)
    Pues parece que les funciona la estrategia de hacer la estancia en el probador insoportable... tienes que decidirte rápido a riesgo de perder el sentido y compras!! Yo si me lo pienso mucho, acabo no comprando nada. O lo hago rápido o no lo hago y seguro que marqueteros e interioristas lo saben.

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    1. Hombre, si es que se las saben todas los muy jodíos. Yo tengo 2 camisas con la etiqueta colgando qe no sé si cambiarlas o quedármelas

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  2. Yo ya me he pasado a los bañadores! Soy una abuela de 32 años!

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    1. Pero tú qué vas a ser abuela, alna de cántaro. En todo caso eres retro-chic. Un beso preciosa

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